Acorex se ahoga en sus deudas: debe más de 50 millones de euros, 11 de ellos a sus cooperativistas

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ACOREX

El stand de Acorex en la pasada feria Agroexpo de Don Benito era como un velatorio sin muerto. Aunque el enfermo sigue muy grave, en la UVI financiera. El tiempo se le agota a Acorex.

Con la campaña de tomate ya en puertas –una de las más importantes para el Grupo–, sus trabajadores en pie de guerra por los despidos, la intranquilidad de sus socios cooperativistas en aumento y, sobre todo, la necesidad urgente de obtener liquidez dibujan un panorama desolador.

El mayor grupo cooperativo extremeño y uno de los diez mayores de España en su día acumula actualmente una deuda de más de 50 millones de euros: 17 millones de euros a la Junta de Extremadura a través de Avante; 12 millones a bancos y cajas; 11 millones a sus propios cooperativistas; 10 millones a sus proveedores y 1,1 millones de euros a sus trabajadores, incluso pagas desde 2012.

La plantilla ha iniciado diferentes movilizaciones ante el anuncio de dos EREs y el despido previsto inicialmente de 81 personas de una plantilla de más de 150 empleados. Para su operativa diaria, Acorex necesita de forma urgente 4,5 millones de euros, que estaba previsto que se consiguieran a través de la compra con opción a alquiler de sus principales instalaciones por parte de Avante.

La petición de intervención por parte de la Junta de Extremadura –que no olvidemos es su mayor acreedor– intentaría ganar tiempo hasta después de las elecciones autonómicas para seguir negociando la vuelta de las tres cooperativas que anunciaron su marcha hace ya muchos meses: San Isidro, Amalia de Sajonia y Campiña Sur.

Sin embargo, lejos de lo que negocien sus directivos, su vuelta resulta muy complicada: sus cooperativistas de base no están por la labor. Muchos de ellos aseguran en privado que solo les une a Acorex las obligaciones financieras que arrastran. Y sin la facturación de estas tres cooperativas, Acorex no tendría músculo financiero suficiente para hacer caja año a año, e ir devolviendo sus créditos. La Junta lo sabe. Los bancos lo saben y sus proveedores también.

En el horizonte sigue abierta la opción de integrarse en un grupo cooperativo mayor como el andaluz Dcoop –opción que gusta a varias cooperativas– o seguir desprendiéndose de las industrias que le quedan –como Acosierra o Extremeña de Abonos Líquidos–, tras la venta de la industria tomatera Tomix a Conesa o la salida de Acenorca, que buscará su futuro junto a la sevillana Agrosevilla.

Está por ver si con este panorama Dcoop sigue tan interesada en la extremeña como hace unos meses.

Hasta ahora, las grandes cooperativas extremeñas han tenido un comportamiento ejemplar en la crisis del grupo, sin intentar captar a los miles de socios descontentos que cada día que pasa llaman más a su puerta huyendo de la quema.

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